A duras penas conseguía recordar el vaivén coloquial invadiendo su mente por esos inquietantes vecinos la noche anterior pero solamente hubo una de las leyendas que se le grabó a Lorena durante la conversación. No podía parar de pensar en tan fatídico desenlace que truncó la vida de tantas familias trabajadoras en la vieja destilería en la década de los 50.
En aquellos tiempos la entonces recién inaugurada destilería pronto se hizo nombre entre las principales marcas de bebidas espirituosas de la comarca.La tradición se remotaba a mediados del siglo XIX, cuando un vecino de la aldea cuyo nombre acabó cayendo en el olvido, tras un descuido en la fabricación casera de su propio licor de arándanos y tras su mezcla con aromas y algunos cambios en su elaboración, consiguió como resultado un mejunge que conseguía regenerar y fortalecer las células muertas, ya fueran por heridas de guerra o por simples infecciones muy comunes en la aldea en aquel entonces.Este vecino se llevó el secreto de la elaboración hasta la tumba, pero no sin antes confiárselo a su mejor amigo bajo la condición de que nunca nadie fuera conocedor del mismo hasta el día de su muerte y haciéndole prometer que nunca lo comercializaría a cambio de dinero, solo pudiéndolo ofrecer discretamente y si ánimos de lucro a todas aquellas famílias afectadas por alguna enfermedad degenerativa o alguna infección sin remedio conocido.Su mejor amigo aceptó el trato y cumplió la promesa, pero llegó el día en que los aldeanos se hicieron eco del milagroso mejunge del cual éste era el apoderado.Era tal la ambición de algunos por hacerse conocer alrededor del mundo con ese majestuoso brevaje que cierta noche de invierno cuatro familias decidieron tenderle una trampa.
Era una gélida noche de invierno de 1938,el sanador(así era conocido el poseedor del remedio milagroso) atravesaba el pequeño cerro que lo separaba de cuatro casas a cuyas familias disponía a levantar la cuarentena.
Un supuesto virus infeccioso contraído por el patriarca de una de las familias durante una expedición en las orillas del río Nilo había conseguido sembrar el pánico etre los aldeanos.A su vuelta,once días atrás, este hombre empezó a enfermar con síntomas tales como altas fiebres, sudoración amarilla, pérdida de masa corporal,engarrotamiento en las extremidades, disfunciones gastro-intestinales...razones suficientes para que el alcalde decidiera encerrar a esa família y a la de las casas colindantes en una cuarentena por temor de que se vieran afectados todos los habitantes de la zona.
Las cuatro familias que ya llevaban cinco días confinadas en sus casas, sin derecho a pan ni agua, ni a la visitas semanales del párroco y del médico,empujados por la deseperación decidieron aprovechar la visita del sanador para arrebatarle su preciado secreto.Así que mientras el sanador administraba los valiosos sorbos de salud al patriarca, el hijo primogénito del mismo se apresuró a amordazarle.Atado en la cama y bajo los efectos del ácido barbitúrico(el patriarca se lo trajo a escondidas del campamento egipcio)el sanador observaba atónito como contra su voluntad sus propios labios iban delatándoles los secretos:mezclas, elaboración, tiempo de reposo...El suero de la verdad había causado los efectos deseados. Después de aquella visita los aldeanos no volvieron a saber más del famoso sanador.
Diez años después abriría las puertas lo que ahora a los ojos de los más jóvenes es simplemente una vieja destilería abandonada.
"Tierna luz de mañana, despierta en mí la vida que me falta para liberar
mi alma, enrojecer mis mejillas y hacer brillar mi mirada..."
Casi como un ritual religioso estos versos proporcionaban a Lorena
las fuerzas necesarias para pasar la noche en calma, pronto sus ojos se abrirían agradeciéndole al cielo ese nuevo día que se le brindaba.
Sergio le lavó los platos antes de marchar(él siempre le da un valor incalculable a los pequeños detalles).Hoy se le presentaba una dura jornada:presentación de sus nuevos compañeros de trabajo, reunión
con sus superiores para concretar los detaes de su contrato y la política
laboral de la nueva empresa...En principio todo iría sobre ruedas, él
llevaba toda la vida desempeñando el mismo oficio y no le supondría ningún problema habituarse a su nuevo ambiente.
Lorena retiraba las cortinas que cubrían los ventanales del dormitorio de su niñita de ojos lindos.Aunque aun el sol se mostraba aletargado, en el horizonte se empezaban a despuntar los hermosos colores de un nuevo día.Lorena no permitiría que su hija se perdiera ni un solo detale de tan bella imagen, así que la despertó con un beso y unas caricias en el pelo.
El Sr. Collado se encontraba en el jardín intentando recordar la causa que lo retuvo esa noche en la aldea.Rápidamente le vino a la memoria , se echó las manos a la cara y se apresuró hacia la calle en busca de algún taler mecánico que le solventara el problema cuanto antes.
Guantes, bufanda, gorrito de lana, una enorme parka que no la dejaba divisar sus propios pies...Claudia se veía atabiada con todo el abrigo disponible que albergaba su nuevo armario.Cinco minutos después se encontraría agarrada a la mano de su madre y atravesando la vieja destilería a paso ligero.
La escuela se encontraba a 3 Km. de casa.Aunque no era mucha la distancia que las separaba, el acceso a ella en coche era totalmente imposible siendo la vieja destilería en unico punto que las unía.
La tarta ya estaba en la mesa...un enorme pastel cubierto de nata cuya decoración brillaba por su sensillez...esas perlitas de anís plateadas culminando en las ondas de los bordes...Claudia decidió apoderarse de esa apetecible guinda que se acomodaba en el centro aprovechándose que los mayores aún seguían con su tertulia.Lorena y Sergio ,los afintriones indiscutibles de tan sublime velada,a duras penas conseguían relajar su mente y calmar esos latidos acelerados que desde hacía apenas unos días los hacía recordar que estaban vivos.Claudia en cambio ,ajena a lo que estaban hablando,deleitaba su mirada con esos colores intensos que adornaban su nuevo hogar...no pudo evitar perder la vista hacia la ventana.Tras el cristal, ese enorme piso firme de césped, un adulto y vigoroso olivo vigilando la morada,esa linda fuente de piedra...Era la primera vez que la niña retuviera esa imagen en sus pupilas sin aún comprender que por fin todo eso que descubría su mirada iba a ser el mundo particular de su casa de muñecas...Por otro lado estaba el Sr.Collado, en su mundo, tan solitaro como de costumbre,pero hoy paradójicamente había decidido presentarse a la invitación especial que dos días atrás recibió de su ahijada, Lorena,con la que años atrás en otros tiempos,solía ir a recoger la vendimia...Pero eso fué en otros tiempos, cuando aún Lorena era una mocosa engreída que se creía merecedora de todas las atenciones y cuidados por el simple hecho de que sus padres marcharan para siempre dejándola en tutela a su padrino, que en aquél entonces era más conocido por "el poeta" y no precisamente porque se le dieran bien los versos...realmente nadie sabía bien bien a qué era debido su apodo, pues él nunca respondió al mismo,pero rumores corrían por la zona que esa afonía que lo había condenado desde chico a formar parte de los desechados de la sociedad, desapareció el día que se topó con una bella dama, estudiante de arte dramático y amante de la poesía...El Sr. Collado se disponía a encender su "rössli" sentado en el sillón de la esquina mientras intentaba comprender el tan resaltado cambio de esa niña boba Lorena en tan bella, educada y atenta mujer de Don Sergio Martos. Los demás invitados, que no eran más que los recién conocidos vecinos de su nueva morada,ya empezaban a acabárseles el repertorio de chismes y anécdotas que por tradición fueron siendo infundadas en la aldea de padres a hijos para que nunca se perdiera el alma que protegía sus campos ante las inclemencias del tiempo...Lorena y Sergio, sin importarles lo más mínimo lo que pasara o dejara de pasar en esa aldea en el pasado, decidieron aprovechar el paso al corte de la tarta para darse un respiro.No estaban acostumbrados al caótico coloquio de voces desordenadas con el que les estaban invadiendo los que desde ahora serían sus nuevos vecinos.